Una de las cosas que nos encanta cuando vemos a un buen baterista tocar es la fluidez de sus movimientos. Esa armonía corporal, aparente facilidad de movimiento y falta de tensión en sus músculos aporta una agilidad y flow especial y se refleja en un sonido limpio y contundente.
Normalmente toda esa fluidez viene claramente condicionada por el control de los golpes.
Por explicarlo claramente:
Si cada golpe que das (fuerte o flojo) deja tu baqueta en la posición ideal para que el siguiente golpe tenga la intensidad que tú deseas, la mitad del trabajo lo hace la baqueta por ti.
